La muerte de Jesús: cuatro narrativas evangélicas, es un curso en línea que usted puede estudiar poniendo su propio ritmo. El curso fue escrito por el Dr. Philip A. Cunningham, antiguo director ejecutivo del Centro para el Estudio de la Tradición Judeocristiana en Boston College. La versión en español del curso fue traducida, preparada y narrada por el Dr. Hosffman Ospino, profesor de teología y educación religiosa de Boston College. Éste es un proyecto de colaboración entre el Centro y C21 Online.


Al final de este mini-curso los participantes habrán explorado:
El mini-curso comienza explorando cómo la tradición católica y la investigación bíblica más reciente entienden los orígenes de los Evangelios y su interpretación adecuada.
En la sección central del mini-curso, se examinará por medio de breves presentaciones cada una de las cuatro narrativas evangélicas sobre la Pasión en cinco escenas diferentes. Antes de ver los comentarios, lea los pasajes bíblicos disponibles dentro del mismo curso. Después de completar los comentarios a cada escena proceda a la auto-evaluación.
Esta página final resume el mini-curso e introduce las narrativas evangélicas de la resurrección. Estas narrativas también deben ser consideradas para apreciar de lleno lo que los evangelistas tenían en mente con relación al sentido del ministerio de Jesús.
Las siguientes notas introducen tres documentos que han marcado el derrotero de la interpretación bíblica católica en las últimas décadas: 1) Divino Afflante Spiritu (1943) del Papa Pío XII, 2) Constitución Dei Verbum (1965) del Concilio Vaticano II, y 3) “La interpretación de la Biblia en la Iglesia” (1993), publicado por la Pontificia Comisión Bíblica.
Divino Afflante Spiritu, Papa Pío XII
• Antes de 1943 no era común entre los expertos católicos en Sagrada Escritura usar las lenguas originales de la Biblia, descubrimientos arqueológicos o métodos “científicos” de análisis textual.
• En 1943 el Papa Pío XII publicó la carta encíclica Divino Afflante Spiritu en la que requería usar los lenguajes originales de la Biblia para su estudio.
• El documento invitó al intérprete bíblico a “[trasladarse] mentalmente a aquellos remotos siglos del Oriente, para que, ayudado convenientemente con los recursos de la historia, arqueología, etnología y de otras disciplinas, discierna y vea con distinción qué géneros literarios… emplearon los escritores de aquella edad vetusta.”
• Al promover el uso de herramientas analíticas o “críticas” para explorar las Escrituras, la encíclica impulsó un renacimiento virtual en la investigación bíblica católica.
Dei Verbum, Constitución Dogmática del Concilio Vaticano II sobre la Divina Revelación
• En 1965 el Concilio Vaticano II aprobó la Constitución Dogmática Dei Verbum. En ella aparece lo que se pudiera llamar un entendimiento “encarnado” de la Biblia.
• La Biblia es la Palabra de Dios inspirada…: "verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura” [11].
• … y la obra inspirada de autores humanos: “Habiendo, pues, hablado Dios en la Sagrada Escritura por seres humanos y a la manera humana, para que el intérprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que Dios quiso comunicarnos, debe investigar con atención lo los autores sagrados querían decir y Dios quería dar a conocer con dichas palabras.” [12].
• Por lo tanto, el Concilio enseñó que los intérpretes bíblicos deben “indagar lo que el autor sagrado dice o intenta decir, según su tiempo y cultura, por medio de los géneros literarios propios de su época. Para comprender exactamente lo que el autor propone en sus escritos, hay que tener muy en cuenta los modos de pensar, de expresarse, de narrar que se usaban en tiempo del escritor, y también las expresiones que entonces más se solían emplear en la conversación
ordinaria” [12].
“La interpretación de la Biblia en la Iglesia”, Pontificia Comisión Bíblica
• In 1993 la Pontificia Comisión Bíblica mantuvo el mismo argumento de la siguiente manera:
• “La Sagrada Escritura, en tanto que es ‘Palabra de Dios en lenguaje humano’, ha sido escrita por seres humanos en cuanto a la totalidad de sus partes y sus fuentes” [I,A].
• Por consiguiente, “La [interpretación bíblica] católica hace uso libre de los métodos y aproximaciones científicas que le permiten entender mejor el sentido de los textos en su contexto lingüístico, literario, sociocultural, religioso e histórico, mientras que los explica y estudia sus fuentes teniendo en cuenta la personalidad de cada autor”.
• Así, la interpretación bíblica desde una perspectiva católica se puede describir como una conversación entre la fe de las generaciones bíblicas con la fe de las comunidades eclesiales de hoy. Las experiencias de fe de la Iglesia hoy en día son, por supuesto, forjadas por la historia continua desde los tiempos bíblicos y por las circunstancias del siglo XXI. Tal como la Pontificia Comisión Bíblica afirma: “La Sagrada Escritura está en continuo diálogo con comunidades de creyentes: su origen se remonta a sus tradiciones de fe… Diálogo con las Escrituras en su totalidad, es decir diálogo con las convicciones de fe que prevalecían en tiempos antiguos, debe ser correspondido con un diálogo con la generación presente [actualización]” [III,A,3].
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Este segmento introduce tres documentos eclesiales católicos que describen la naturaleza y el origen de los Evangelios: 1) Constitución Dei Verbum (1965) del Concilio Vaticano II, 2) “Instrucción sobre la verdad histórica de los Evangelios” (1964) de la Pontificia Comisión Bíblica, y 3) “Instrucción sobre Biblia y cristología” (1984) de la Pontificia Comisión Bíblica.
Estos dos documentos del magisterio explican cómo los Evangelios contienen materiales que se originaron en tres distintos períodos o “etapas” durante el siglo primero, con frecuencia apareciendo simultáneamente en el mismo pasaje bíblico:
Etapa 1: El ministerio de Jesús
Tradiciones que se remontan a las palabras y acciones de Jesús durante su ministerio a
finales de los años veintes [por ejemplo, en Juan 9 Jesús aparece como alguien que hace
milagros de sanación].
Etapa 2: La predicación de los apóstoles después de la resurrección
Convicciones sobre Jesús que nacieron después de la resurrección, especialmente que él era el “Señor” y el “Hijo de Dios” [Por ejemplo cuando el ciego alaba a Jesús, Juan 9:38].
Etapa 3: La composición escrita de los Evangelios
Textos sobre Jesús influenciados por las situaciones, preocupaciones y convicciones de los mismos evangelistas [por ejemplo, los padres del hombre ciego temen a “los judíos” como si estos fueran un grupo diferente, Juan 9:22].
La Pontificia Comisión Bíblica destacó el valor de dichos contrastes en un estudio realizado en 1984: "Biblia y Cristología":
“Las tradiciones evangélicas fueron reunidas y gradualmente escritas a la luz de los eventos Pascuales hasta que tomaron en su totalidad la forma de cuatro breves libros. Estos libros no sólo contienen las cosas “que Jesús comenzó a hacer y enseñar” (Hechos 1:1), sino que también ofrecen interpretaciones teológicas de dichos eventos. Por lo tanto, en estas narrativas uno tiene que reconocer la cristología de cada evangelista. Esto se aplica especialmente a Juan, quien en la época patrística recibiría el título de “teólogo”. Otros evangelistas interpretaron las acciones y palabras de Jesús de diversas maneras y más aún su muerte y resurrección… Los autores del Nuevo Testamento, precisamente como pastores y maestros, son testigos del mismo Cristo pero con voces que difieren como la harmonía de una pieza musical” [2.2.2].
Escrito alrededor del año 70, es el primer evangelio que parece haber sido escrito en una comunidad eclesial que ha experimentado recientemente violencia y persecución. Es posible que haya sido escrito en Roma debido a que la comunidad romana había sido víctima de una campaña de tortura bajo el emperador Nerón en los años 64-66, en los cuales probablemente murieron los líderes cristianos Pedro y Pablo. Existe evidencia que Nerón crucificó cristianos en sus jardines privados incendiando luego las cruces para proveer iluminación durante la noche. Otra alternativa en cuanto al lugar de composición es Galilea/Siria, pues allí las iglesias sin duda alguna habían experimentado el dolor y las dificultades de la primera guerra judeo-romana (66-70) y hubieran sido testigos de la inminente destrucción del Templo de Jerusalén [ver 13:7-8,14-16]. Siempre es posible que haya habido una edición original del evangelio en Galilea, la cual fue revisada rápidamente en Roma conduciendo a la obra que tenemos hoy. La Iglesia de Marcos parece ser galilea en su composición; por ejemplo, todas las comidas se consideran puras [7:19] El evangelista desea: (1) comunicar las enseñanzas de la generación apostólica que está desapareciendo; (2) promover fidelidad a la fe en cristo aún frente a la tortura; y (3) resaltar que la convicción de que Jesús es el Hijo de Dios sólo se puede discernir después de experimentar la pasión de Jesús.
El evangelio está compuesto de dos secciones similarmente largas. En la primera mitad Jesús aparece casi exclusivamente como un autor de milagros. La narración se desarrolla rápidamente gracias al uso repetitivo de la palabra euthus, "inmediatamente", aunque esta repetición no siempre es obvia en las traducciones. Multitudes de personas vienen a Jesús removiendo el techo de una casa, corriendo alrededor del lago, impidiendo que Jesús coma y buscándole cuando trata de estar solo. ¡En un momento determinado dos mil cerdos poseídos se suicidad en masa! [5:13]
Pero a través de la narrativa, ningún personaje humano reconoce lo que Marcos le comunica a sus lectores de distintas maneras: que Jesús es el Hijo de Dios. Los fariseos, los herodianos y escribas, las multitudes, los discípulos e incluso su familia (que vienen buscarle porque la gente piensa que está loco [3:21]), aparecen confundidos y sin idea de quién es Jesús. Los discípulos aparecen sin entender quién es Jesús a pesar de las enseñanzas privadas que él les da (ver especialmente 8:13-21, lo que ocurre no sólo después de una sino de dos multiplicaciones de panes [6:30ss; 8:1ss]).
El tono del evangelio cambia después de la escena central que es clave en la cual Pedro declara que Jesús es el Mesías [8:27-31]. Jesús comienza una serie de tres instrucciones explicando que el Hijo del Hombre sufrirá y morirá. Los discípulos siguen sin entender preocupándose por rivalidades entre ellos y pensando en estrategias para alcanzar su propia gloria. Al final, Jesús es completamente abandonado por todos. Aún la ropa de uno de los discípulos se queda en el camino cuando intenta escapar de la escena del arresto de Jesús [14:51-52]. Pedro maldice a Jesús tratando de desasociarse de él [14:71]. En última instancia, Jesús muere solo [15:34].
Pero a última hora finalmente alguien reconoce la identidad de Jesús. El centurión, "al ver cómo había expirado", es el primer ser humano en el evangelio en reconocer que "verdaderamente este hombre era hijo de Dios" [15:39]. Este clímax tiene aún más impacto que los eventos de la Pascua porque Marcos no ofrece apariciones después de la resurrección. Marcos concluye su evangelio con la mujeres alejándose del sepulcro "y no dijeron nada a nadie" [16:8].
Parece que esta historia está dirigida a los cristianos que sufren en la comunidad de Marcos. Ellos escuchan que deben tomar su cruz y seguir a Jesús y no perder sus vidas tratando de salvarlas [8:34-35], que es mejor perder ambas manos o pies u ojos (¿en medio de la tortura?) que fallar en la fe [9:43-48], y que para ser grande hay que ser esclavos de los todos, tal como Jesús dio su vida como precio por muchos [10:44-45]. Marcos invita a su iglesia a sobrellevar las tribulaciones porque "no pasará esta generación" sin que Jesús haya regresado triunfantemente [13:30]. Se les pide evitar a los falsos mesías que hacen señales y prodigios [13:22]. Esto es parte de la insistencia de Marcos de que la fe auténtica en Jesús no se puede generar por medio de hazañas maravillosas. Finalmente, la historia de Pedro muestra que hay esperanza en la restauración de aquellos cristianos en la comunidad de Marcos que, en medio de la tortura, maldijeron el nombre de Jesús para salvar sus propias vidas. (Maldecir a Jesús era una de las estrategias romanas en persecuciones tardías para determinar si aquellos que decían no ser cristianos realmente decían la verdad)
La principal idea cristológica en Marcos es que nadie puede realmente comprender la divinidad de Jesús a no ser que le vean como aquel que fue crucificado y están listos para participar en ese sufrimiento. Por consiguiente, un discipulado auténtico se define no por medio de la gloria o los milagros sino por medio del sacrificio personal por medio del servicio. El icono para este evangelio es la cruz, el signo que hace la divinidad de Jesús como Hijo de Dios sea perceptible.
Este evangelio llega a su forma final al final del primer siglo. Es bastante distinto de los otros tres evangelios, de los cuales probablemente no tenía copias el autor o autores. Aunque de origen judío, este escritor conoce bien la cultura griega y le gusta pensar en términos opuestos. Estos dualismos tales como luz/oscuridad, verdad/mentira, espíritu/carne y vida/muerte aparecen constantemente en el texto. La idea del mundo que el autor tiene también es dualista. Piensa en la existencia como si estuviese dividida en dos realidades: el mundo de arriba y el mundo de abajo. El mundo de abajo es la tierra y la humanidad, un mundo de oscuridad, carne y pecado. El mundo de arriba es de Dios y el cielo, de la luz, el espíritu y la santidad.
Para este evangelista Jesús viene del mundo de arriba. Él ha atravesado la realidad que separa el mundo de arriba del mundo de abajo, ha dado testimonio de la verdad desde arriba, ha sido "elevado" [3:14; 8:28; 12:32] para regresar a su hogar arriba, ofrece la oportunidad a aquellos que creen de ser animados por la vida del mundo de arriba y, finalmente, estar con Cristo en el mundo de arriba con Jesús. Este evangelio presenta al Hijo trayendo la luz del mundo desde arriba a la oscuridad del mundo abajo. Este tema del Hijo descendiendo desde el cielo y ascendiendo una vez más se encuentra en todo el evangelio. Jesús le dice a Nicodemo que "nadie ha subido al cielo sino solo el que ha bajado del cielo, el Hijo del Hombre" [3:13]. Jesús le dice a los fariseos: "ustedes son de abajo, yo soy de arriba. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo" [8:23]. En la última cena Jesús declara, "salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre" [16:28].
Como Aquel que viene de arriba, Jesús enseña al ignorante mundo de abajo las cosas del mundo de arriba. En particular, él revela al Padre de tal manera que los que han visto a Jesús han visto al Padre [14:7]. Por medio de una serie de ricas metáforas, el escrito resalta a Jesús como el revelador que hace al Padre accesible y como "el camino, la verdad y la vida" [14:6]. Así, Jesús es el "pan de vida. . . que ha bajado del cielo" [6:35,41]; la "puerta" [10:7,9]; el "buen pastor" [10:11,14]; la "luz del mundo" [8:12; 9:5]; "la vid verdadera" [15:1,5]; y "la resurrección y la vida" [11:25].Aquellos que creen que Jesús ha sido enviado por el Padre son aquellos que son "nacidos de nuevo desde arriba" [3:3]. Ellos son nacidos del agua [una referencia bautismal] "y del Espíritu. . . que sopla donde quiere" [3:5,8]. "Del corazón del que crea brotarán ríos de agua viva," que quiere decir el Espíritu Santo [7:38-39]. Este Espíritu es enviado al momento de la muerte de Jesús, simbólicamente demostrado por medio de la sangre y el agua que brotaron del costado de Jesús, el cual es un detalle único en el Evangelio de Juan [19:34]. Él es el "Cordero de Dios" [1:29,36] que muere como los corderos que son sacrificados en la Pascua.
Los creyentes perciben que Jesús y el Padre están el uno "en" el otro [14:11]. Por consiguiente, el amor con que el Padre tiene por Jesús es comunicado a los creyentes [17:26]. El Padre y el Hijo [14:23] y el Espíritu [14:17] viene a vivir en los creyentes. Así, los creyentes viven de acuerdo al único mandamiento de Jesús en este evangelio, "ámense los unos a los otros" [13:34; 15:12,17]. Esto es lo que Juan quiere decir al hablar de vida eterna. Es compartir en la relación de amor entre el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo. Es un amor/vida que transciende la muerte humana. Es una relación con el Padre que es posible porque el Hijo vino de arriba y ha regresado a su hogar arriba "para preparar un lugar" y llevar a los creyentes allí" [14:3].
La Iglesia joánica aparentemente sufrió un trauma en algún momento por la expulsión de sus miembros judíos de la sinagoga en la comunidad local [9:22; 12:42; 16:2]. Heridos por esta expulsión, el autor continuamente usa el término "los judíos" en el evangelio, a pesar de que todos sus personajes, incluyendo a Jesús, son judíos. Esta rutina habla sarcásticamente de la alienación experimentada por los judeocristianos de la comunidad de Juan, los cuales se sienten despojados de sus raíces judías por los llamados judíos. El factor que precipitó la expulsión probablemente fue lo que los judeocristianos de la comunidad de Juan decían sobre Jesús. La imagen exaltada de Jesús como Aquel que viene de arriba era entendida en la sinagoga como la afirmación de la existencia de dos dioses: el Padre y el Hijo [10:33]. Dicha violación del monoteísmo judío, como se pudo haber percibido, no se podía tolerar en la sinagoga y era difícil de defender por el evangelista en esta época pre-Trinitaria.
El tema cristológico central en Juan es que Jesús viene de arriba y trae vida eterna del mundo de arriba. Esta vida es el amor entre el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo para aquellos que creen. Por lo tanto, un discipulado auténtico se define por el vínculo de amor que une a los creyentes [13:35].
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Escena 1: El Arresto |
Escena 2: Ante los Sumos Sacerdotes |
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Escena 3: Ante Pilato |
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Escena 4: La Ejecución |
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Escena 5: El Entierro |
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Marcos |
Lea Marcos 14:32-52 | Ver comentario |
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Mateo |
Lea Mateo 26:36-56 | Ver comentario |
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Lucas |
Lea Lucas 22:39-54 | Ver comentario |
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Juan |
Lea Juan 18:1-12 | Ver comentario |
32 Llegaron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí mientras voy a orar.» 33 Y llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a llenarse de temor y angustia, 34 y les dijo: «Siento en mi alma una tristeza de muerte. Quédense aquí y permanezcan despiertos.»
35 Jesús se adelantó un poco, y cayó en tierra suplicando que, si era posible, no tuviera que pasar por aquella hora. 36 Decía: «Abbá, o sea, Padre, para ti todo es posible, aparta de mí esta copa. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.»
37 Volvió y los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿De modo que no pudiste permanecer despierto una hora? 38 Estén despiertos y oren para no caer en la tentación; pues el espíritu es animoso, pero la carne es débil.» 39 Y se alejó de nuevo a orar, repitiendo las mismas palabras. 40 Al volver otra vez, los encontró de nuevo dormidos, pues no podían resistir el sueño y no sabían qué decirle.
41 Vino por tercera vez, y les dijo: «Ahora ya pueden dormir y descansar. Está hecho, llegó la hora. El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 42 ¡Levántense, vámonos!; ya viene el que me va a entregar.»
43 Jesús estaba aún hablando cuando se presentó Judas, uno de los Doce; lo acompañaba un buen grupo de gente con espadas y palos, enviados por los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y los jefes judíos. 44 El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé un beso, ése es; deténganlo y llévenlo bien custodiado.»
45 Apenas llegó Judas, se acercó a Jesús y le dijo: «¡Maestro, Maestro!» Y lo besó. 46 Ellos entonces lo tomaron y se lo llevaron arrestado. 47 En ese momento uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote cortándole una oreja.
48 Jesús dijo a la gente: «A lo mejor buscan a un ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos. 49 ¿Por qué no me detuvieron cuando día tras día estaba entre ustedes enseñando en el Templo? Pero tienen que cumplirse las Escrituras.» 50 Y todos los que estaban con Jesús lo abandonaron y huyeron.
51 Un joven seguía a Jesús envuelto sólo en una sábana, y lo tomaron; 52 pero él, soltando la sábana, huyó desnudo.
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36 Llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a orar.»
37 Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. 38 Y les dijo: «Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos.»
39 Fue un poco más adelante y, postrándose hasta tocar la tierra con su cara, oró así: «Padre, si es posible, que esta copa se aleje de mí. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» 40 Volvió donde sus discípulos, los halló dormidos; y dijo a Pedro: «¿De modo que no pudieron permanecer despiertos ni una hora conmigo? 41 Es tén despiertos y recen para que no caigan en la tentación. El espíritu es animoso, pero la carne es débil.»
42 De nuevo se apartó por segunda vez a orar: «Padre, si esta copa no puede ser apartada de mí sin que yo la beba, que se haga tu voluntad.» 43 Volvió otra vez donde los discípulos y los encontró dormidos, pues se les cerraban los ojos de sueño. 44 Los dejó, pues, y fue de nuevo a orar por tercera vez repitiendo las mismas palabras.
45 Entonces volvió donde los discípulos y les dijo: «¡Ahora pueden dormir y descansar! Ha llegado la hora y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. 46 ¡Levántense, vamos! El traidor está a punto de llegar.»
47 Estaba todavía hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce. Iba acompañado de una chusma armada con espadas y garrotes, enviada por los jefes de los sacerdotes y por las autoridades judías. 48 El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé un beso, ése es; arréstenlo.» 49 Se fue directamente donde Jesús y le dijo: «Buenas noches, Maestro.» Y le dio un beso. 50 Jesús le dijo: «Amigo, haz lo que vienes a hacer.» Entonces se acercaron a Jesús y lo arrestaron.
51 Uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al sirviente del sumo sacerdote, cortándole una oreja. 52 Entonces Jesús le dijo: «Vuelve la espada a su sitio, pues quien usa la espada perecerá por la espada. 53 ¿No sabes que podría invocar a mi Padre y él, al momento, me mandaría más de doce ejércitos de ángeles? 54 Pero así había de suceder, y tienen que cumplirse las Escrituras.»
55 En ese momento, Jesús dijo a la gente: «A lo mejor buscan un ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos. Yo sin embargo me sentaba diariamente entre ustedes en el Templo para enseñar, y no me detuvieron. 56 Pero todo ha pasado para que así se cumpliera lo escrito en los Profetas.» Entonces todos los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron.
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39 Después Jesús salió y se fue, como era su costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron también sus discípulos. 40 Llegados al lugar, les dijo: «Oren para que no caigan en tentación.»
41 Después se alejó de ellos como a la distancia de un tiro de piedra, y doblando las rodillas oraba 42 con estas palabras: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.»
43 (Entonces se le apareció un ángel del cielo para animarlo. 44 Entró en agonía y oraba con mayor insistencia. Su sudor se convirtió en gotas de sangre que caían hasta el suelo.)
45 Después de orar, se levantó y fue hacia donde estaban los discípulos. Pero los halló dormidos, abatidos por la tristeza. 46 Les dijo: «¿Ustedes duermen? Levántense y oren para que no caigan en tentación.»
47 Todavía estaba hablando cuando llegó un grupo encabezado por Judas, uno de los Doce. Como se acercara a Jesús para darle un beso, 48 Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso traicionas al Hijo del Hombre?»
49 Los que estaban con Jesús vieron lo que iba a pasar y le preguntaron: «Maestro, ¿sacamos la espada?» 50 Y uno de ellos hirió al servidor del sumo sacerdote cortándole la oreja derecha. 51 Pero Jesús le dijo: «¡Basta ya!» Y tocando la oreja del hombre, lo sanó.
52 Jesús se dirigió después a los que habían venido a prenderlo, a los jefes de los sacerdotes y de la policía del Templo y los ancianos de los judíos y les dijo: «Tal vez buscan a un ladrón, y por eso han venido a detenerme con espadas y palos. 53 ¿Por qué no me detuvieron cuando día tras día estaba entre ustedes en el Templo? Pero ahora reinan las tinieblas, y es la hora de ustedes.» 54 Entonces lo apresaron y lo llevaron a la casa del sumo sacerdote, donde entraron. Pedro los seguía a distancia.
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1 Cuando terminó de hablar, Jesús pasó con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había allí un huerto, y Jesús entró en él con sus discípulos.
2 Judas, el que lo entregaba, conocía también ese lugar, pues Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. 3 Judas hizo de guía a los soldados romanos y a los guardias enviados por los jefes de los sacerdotes y los fariseos, que llegaron allí con linternas, antorchas y armas.
4 Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les dijo: «¿A quién buscan?» 5 Contestaron: «A Jesús el Nazoreo.» Jesús dijo: «Yo soy.» Y Judas, que lo entregaba, estaba allí con ellos.
6 Cuando Jesús les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron al suelo. 7 Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscan?» Dijeron: «A Jesús el Nazoreo.» 8 Jesús les respondió: «Ya les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan.» 9 Así se cumplía lo que Jesús había dicho: «No he perdido a ninguno de los que tú me diste.»
10 Simón Pedro tenía una espada, la sacó e hirió a Malco, siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. 11 Jesús dijo a Pedro: «Coloca la espada en su lugar. ¿Acaso no voy a beber la copa que el Padre me ha dado?»
12 Entonces los soldados, con el comandante y los guardias de los judíos, prendieron a Jesús, lo ataron 13 y lo llevaron primero a casa de Anás.
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Marcos |
Lea Marcos 14:53-72 | Ver comentario |
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Mateo |
Lea Mateo 27:1-26 | Ver comentario |
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Lucas |
Lea Lucas 23:1-25 | Ver comentario |
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Juan |
(también Juan 11: 45-53) |
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53 Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y todos se reunieron allí. Estaban los jefes de los sacerdotes, las autoridades judías y los maestros de la Ley. 54 Pedro lo había seguido de lejos hasta el patio interior del Sumo Sacerdote, y se sentó con los policías del Templo, calentándose al fuego.
55 Los jefes de los sacerdotes y todo el Consejo Supremo buscaban algún testimonio que permitiera condenar a muerte a Jesús, pero no lo encontraban. 56 Varios se presentaron con falsas acusaciones contra él, pero no estaban de acuerdo en lo que decían. 57 Algunos lanzaron esta falsa acusación: 58 «Nosotros le hemos oído decir: Yo destruiré este Templo hecho por la mano del hom bre, y en tres días construiré otro no hecho por hombres.» 59 Pero tam poco con estos testimonios estaban de acuerdo.
60 Entonces el Sumo Sacerdote se levantó, pasó adelante y preguntó a Jesús: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué es este asunto de que te acusan?» 61 Pero él guardaba silencio y no contestaba. De nuevo el Sumo Sacerdote le preguntó: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios Bendito?». 62 Jesús respondió: «Yo soy, y un día verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha de Dios poderoso y viniendo en medio de las nubes del cielo.»
63 El Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras horrorizado y dijo: «¿Para qué queremos ya testigos? 64 Ustedes acaban de oír sus palabras blasfemas. ¿Qué les parece?» Y estuvieron de acuerdo en que merecía la pena de muerte.
65 Después algunos empezaron a escupirle. Le cubrieron la cara y le golpeaban antes de decirle: «¡Hazte el profeta!» Y los policías del Templo lo abofeteaban.
66 Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, pasó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote. 67 Al verlo cerca del fuego, lo miró fijamente y le dijo: «Tú también andabas con Jesús de Nazaret.» 68 El lo negó: «No lo conozco, ni entiendo de qué hablas.» Y salió al portal.
69 Pero lo vio la sirvienta y otra vez dijo a los presentes: «Este es uno de ellos.» 70 Y Pedro lo volvió a negar. Después de un rato, los que estaban allí dijeron de nuevo a Pedro: «Es evidente que eres uno de ellos, pues eres galileo.» 71 Entonces se puso a maldecir y a jurar: «Yo no conozco a ese hombre de quien ustedes hablan.»
72 En ese momento se escuchó el segundo canto del gallo. Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: «Antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres», y se puso a llorar.
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1 Al amanecer, todos los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías celebraron una reunión para decidir la manera de hacer morir a Jesús. 2 Luego lo ataron y lo llevaron para entregárselo a Pilato, el gobernador.
3 Cuando Judas, el traidor, supo que Jesús había sido condenado, se llenó de remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los jefes judíos. 4 Les dijo: «He pecado: he entregado a la muerte a un inocente.» Ellos le contestaron: «¿Qué nos importa eso a nosotros? Es asunto tuyo.» 5 Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, se marchó y fue a ahorcarse.
6 Los jefes de los sacerdotes recogieron las monedas, pero dijeron: «No se puede echar este dinero en el tesoro del Templo, porque es precio de sangre.» 7 Entonces se pusieron de acuerdo para comprar con aquel dinero el Campo del Alfarero y lo destinaron para cementerio de extranjeros. 8 Por eso ese lugar es llamado Campo de Sangre hasta el día de hoy.
9 Así se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata, que fue el precio en que lo tasaron los hijos de Israel, 10 y las dieron por el Campo del Alfarero, tal como el Señor me lo ordenó.
11 Jesús compareció ante el gobernador, y éste comenzó a interrogarlo. Le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús contestó: «Tú eres el que lo dice.»
12 Los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías lo acusaban, pero Jesús no contestó nada. 13 Pilato le dijo: «¿No oyes todos los cargos que presentan contra ti?» 14 Pero Jesús no dijo ni una palabra, de modo que el gobernador se sorprendió mucho.
15 Con ocasión de la Pascua, el gobernador tenía la costumbre de dejar en libertad a un condenado, a elección de la gente. 16 De hecho el pueblo tenía entonces un detenido famoso, llamado Barrabás. 17 Cuando se juntó toda la gente, Pilato les dijo: «¿A quién quieren que deje libre, a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?» 18 Porque sabía que le habían entregado a Jesús por envidia.
19 Mientras Pilato estaba en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese hombre porque es un santo, y anoche tuve un sueño horrible por causa de él.»
20 Mientras tanto, los jefes de los sacerdotes y los jefes de los judíos persuadieron al gentío a que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. 21 Cuando el gobernador volvió a preguntarles: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?», ellos contestaron: «A Barrabás.» 22 Pilato les dijo: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Cristo?» Todos contestaron: «¡Crucifícalo!» 23 Pilato insistió: «¿Qué ha hecho de malo?» Pero ellos gritaban cada vez con más fuerza: «¡Que sea crucificado!»
24 Al darse cuenta Pilato de que no conseguía nada, sino que más bien aumentaba el alboroto, pidió agua y se lavó las manos delante del pueblo. Y les dijo: «Ustedes responderán por su sangre, yo no tengo la culpa.» 25 Y todo el pueblo con testó: «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
26 Entonces Pilato les soltó a Barrabás. Mandó azotar a Jesús y lo en tregó a los que debían crucificarlo.
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1 El Consejo en pleno se levantó y llevaron a Jesús ante Pilato. 2 Allí empezaron con sus acusaciones: «Hemos comprobado que este hombre es un agitador. Se opone a que se paguen los impuestos al César y pretende ser el rey enviado por Dios.» 3 Entonces Pilato lo interrogó en estos términos: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: «Tú eres el que lo dice.»
4 Pilato se dirigió a los jefes de los sacerdotes y a la multitud. Les dijo: «Yo no encuentro delito alguno en este hombre.» 5 Pero ellos insistieron: «Está enseñando por todo el país de los judíos y sublevando al pueblo. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí.»
6 Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo. 7 Cuando supo que Jesús pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió, pues Herodes se hallaba también en Jerusalén por aquellos días.
8 Al ver a Jesús, Herodes se alegró mucho. Hacía tiempo que de seaba verlo por las cosas que oía de él, y esperaba que Jesús hiciera algún milagro en su presencia. 9 Le hizo, pues, un montón de preguntas. Pero Jesús no contestó nada, 10 mientras los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley permanecían frente a él y reiteraban sus acusaciones.
11 Herodes con su guardia lo trató con desprecio; para burlarse de él lo cubrió con un manto espléndido y lo devolvió a Pilato. 12 Y ese mismo día Herodes y Pilato, que eran enemigos, se hicieron amigos.
13 Pilato convocó a los jefes de los sacerdotes, a los jefes de los judíos y al pueblo 14 y les dijo: «Ustedes han traído ante mí a este hombre acusándolo de sublevar al pueblo. Pero después de interrogarlo en presencia de ustedes no he podido comprobar ninguno de los cargos que le hacen. 15 Y tampoco Herodes, pues me lo devolvió. Es evidente que este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. 16 Así que después de castigarlo lo dejaré en libertad.» ( 17 )
18 Pero todos ellos se pusieron a gritar: «¡Elimina a éste y devuélvenos a Barrabás! 19 Este Barrabás había sido encarcelado por algunos disturbios y un asesinato en la ciudad.
20 Pilato, que quería librar a Jesús, les dirigió de nuevo la palabra, 21 pero seguían gritando: «¡Crucifícalo, crucifícalo!» 22 Por tercera vez les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho este hombre? Yo no he encontrado nada que merezca la muerte; por eso, después de azotarlo, lo dejaré en libertad.» 23 Pero ellos insistían a grandes voces pidiendo que fuera crucificado, y el griterío iba en aumento.
24 Entonces Pilato pronunció la sentencia que ellos reclamaban. 25 Soltó al que estaba preso por agitador y asesino, pues a éste lo querían, y entregó a Jesús como ellos pedían.
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12 Entonces los soldados, con el comandante y los guardias de los judíos, prendieron a Jesús, lo ataron 13 y lo llevaron primero a casa de Anás. Este Anás era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. 14 Caifás era el que había dicho a los judíos: «Es mejor que muera un solo hombre por el pueblo.»
15 Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Como este otro discípulo era conocido del sumo sacerdote, pudo entrar con Jesús en el patio de la casa del sumo sacerdote, 16 mientras que Pedro se quedó fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, y habló con la portera, que dejó entrar a Pedro. 17 La muchacha que hacía de portera dijo a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre.» Pedro le respondió: «No lo soy».
18 Los sirvientes y los guardias tenían unas brasas encendidas y se calentaban, pues hacía frío. También Pedro estaba con ellos y se calentaba.
19 El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su enseñanza. Jesús le contestó: 20 «Yo he hablado abiertamente al mundo. He enseñado constantemente en los lugares donde los judíos se reúnen, tanto en las sinagogas como en el Templo, y no he enseñado nada en secreto. 21 ¿Por qué me preguntas a mí? Interroga a los que escucharon lo que he dicho.»
22 Al oír esto, uno de los guardias que estaba allí le dio a Jesús una bofetada en la cara, diciendo: «¿Así contestas al sumo sacerdote?» 23 Jesús le dijo: «Si he respondido mal, demuestra dónde está el mal. Pero si he hablado correctamente, ¿por qué me golpeas?»
24 Al fin, Anás lo envió atado al sumo sacerdote Caifás.
45 Muchos judíos que habían ido a casa de María creyeron en Jesús al ver lo que había hecho. 46 Pero otros fueron donde los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
47 Entonces los jefes de los sacerdotes y los fariseos convocaron el Consejo y preguntaban: «¿Qué ha ce mos? Este hombre hace muchos milagros. 48 Si lo dejamos que siga así, todos van a creer en él, y luego intervendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación.»
49 Entonces habló uno de ellos, Caifás, que era el sumo sacerdote aquel año, y dijo: «Ustedes no entienden nada. 50 No se dan cuenta de que es mejor que muera un solo hombre por el pueblo y no que perezca toda la nación.»
51 Estas palabras de Caifás no venían de sí mismo, sino que, como era sumo sacerdote aquel año, profetizó en aquel momento; Jesús iba a morir por la nación; 52 y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos.
53 Y desde ese día estuvieron decididos a matarlo. 54 Jesús ya no podía moverse libremente como quería entre los judíos. Se retiró, pues, a la región cercana al desierto y se quedó con sus discípulos en una ciudad llamada Efraím.
55 Se acercaba la Pascua de los judíos, y de todo el país subían a Jerusalén para purificarse antes de la Pascua. 56 Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: «¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta?» 57 Pues los jefes de los sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes, y si alguien sabía dónde se encontraba Jesús, debía notificarlo para que fuera arrestado.
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1 Muy temprano, los jefes de los sacerdotes, los ancianos y los maestros de la Ley (es decir, todo el Consejo o Sanedrín) celebraron consejo. Después de atar a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato.
2 Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús respondió: «Así es, como tú lo dices.» 3 Como los jefes de los sacerdotes acusaban a Jesús de muchas cosas, 4 Pilato volvió a preguntarle: «¿No contestas nada? ¡Mira de cuántas cosas te acusan!» 5 Pero Jesús ya no le respondió, de manera que Pilato no sabía qué pensar.
6 Cada año, con ocasión de la Pascua, Pilato solía dejar en libertad a un preso, a elección del pueblo. 7 Había uno, llamado Barrabás, que había sido encarcelado con otros revoltosos por haber cometido un asesinato en un motín. 8 Cuando el pueblo subió y empezó a pedir la gracia como de costumbre, 9 Pilato les preguntó: «¿Quieren que ponga en libertad al rey de los judíos?» 10 Pues Pilato veía que los jefes de los sacerdotes le entregaban a Jesús por una cuestión de rivalidad. 11 Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente a que pidiera la libertad de Barrabás. 12 Pilato les dijo: «¿Qué voy a hacer con el que ustedes llaman rey de los judíos?» 13 La gente gritó: «¡Crucifícalo!» 14 Pilato les preguntó: «Pero ¿qué mal ha hecho?» Y gritaron con más fuerza: «¡Crucifícalo!»
15 Pilato quiso dar satisfacción al pueblo: dejó, pues, en libertad a Barrabás y sentenció a muerte a Jesús. Lo hizo azotar, y después lo entregó para que fuera crucificado.
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1 Al amanecer, todos los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías celebraron una reunión para decidir la manera de hacer morir a Jesús. 2 Luego lo ataron y lo llevaron para entregárselo a Pilato, el gobernador.
3 Cuando Judas, el traidor, supo que Jesús había sido condenado, se llenó de remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los jefes judíos. 4 Les dijo: «He pecado: he entregado a la muerte a un inocente.» Ellos le contestaron: «¿Qué nos importa eso a nosotros? Es asunto tuyo.» 5 Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, se marchó y fue a ahorcarse.
6 Los jefes de los sacerdotes recogieron las monedas, pero dijeron: «No se puede echar este dinero en el tesoro del Templo, porque es precio de sangre.» 7 Entonces se pusieron de acuerdo para comprar con aquel dinero el Campo del Alfarero y lo destinaron para cementerio de extranjeros. 8 Por eso ese lugar es llamado Campo de Sangre hasta el día de hoy.
9 Así se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata, que fue el precio en que lo tasaron los hijos de Israel, 10 y las dieron por el Campo del Alfarero, tal como el Señor me lo ordenó.
11 Jesús compareció ante el gobernador, y éste comenzó a interrogarlo. Le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús contestó: «Tú eres el que lo dice.»
12 Los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías lo acusaban, pero Jesús no contestó nada. 13 Pilato le dijo: «¿No oyes todos los cargos que presentan contra ti?» 14 Pero Jesús no dijo ni una palabra, de modo que el gobernador se sorprendió mucho.
15 Con ocasión de la Pascua, el gobernador tenía la costumbre de dejar en libertad a un condenado, a elección de la gente. 16 De hecho el pueblo tenía entonces un detenido famoso, llamado Barrabás. 17 Cuando se juntó toda la gente, Pi lato les dijo: «¿A quién quieren que deje libre, a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?» 18 Porque sabía que le habían entregado a Jesús por envidia.
19 Mientras Pilato estaba en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese hombre porque es un santo, y anoche tuve un sueño horrible por causa de él.»
20 Mientras tanto, los jefes de los sacerdotes y los jefes de los judíos persuadieron al gentío a que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. 21 Cuando el gobernador volvió a preguntarles: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?», ellos contestaron: «A Barrabás.» 22 Pilato les dijo: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Cristo?» Todos contestaron: «¡Crucifícalo!» 23 Pilato insistió: «¿Qué ha hecho de malo?» Pero ellos gritaban cada vez con más fuerza: «¡Que sea crucificado!»
24 Al darse cuenta Pilato de que no conseguía nada, sino que más bien aumentaba el alboroto, pidió agua y se lavó las manos delante del pueblo. Y les dijo: «Ustedes responderán por su sangre, yo no tengo la culpa.» 25 Y todo el pueblo con testó: «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
26 Entonces Pilato les soltó a Barrabás. Mandó azotar a Jesús y lo en tregó a los que debían crucificarlo.
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1 El Consejo en pleno se levantó y llevaron a Jesús ante Pilato. 2 Allí empezaron con sus acusaciones: «Hemos comprobado que este hombre es un agitador. Se opone a que se paguen los impuestos al César y pretende ser el rey enviado por Dios.» 3 Entonces Pilato lo interrogó en estos términos: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: «Tú eres el que lo dice.»
4 Pilato se dirigió a los jefes de los sacerdotes y a la multitud. Les dijo: «Yo no encuentro delito alguno en este hombre.» 5 Pero ellos insistieron: «Está enseñando por todo el país de los judíos y sublevando al pueblo. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí.»
6 Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo. 7 Cuando supo que Jesús pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió, pues Herodes se hallaba también en Jerusalén por aquellos días.
8 Al ver a Jesús, Herodes se alegró mucho. Hacía tiempo que de seaba verlo por las cosas que oía de él, y esperaba que Jesús hiciera algún milagro en su presencia. 9 Le hizo, pues, un montón de preguntas. Pero Jesús no contestó nada, 10 mientras los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley permanecían frente a él y reiteraban sus acusaciones.
11 Herodes con su guardia lo trató con desprecio; para burlarse de él lo cubrió con un manto espléndido y lo devolvió a Pilato. 12 Y ese mismo día Herodes y Pilato, que eran enemigos, se hicieron amigos.
13 Pilato convocó a los jefes de los sacerdotes, a los jefes de los judíos y al pueblo 14 y les dijo: «Ustedes han traído ante mí a este hombre acusándolo de sublevar al pueblo. Pero después de interrogarlo en presencia de ustedes no he podido comprobar ninguno de los cargos que le hacen. 15 Y tampoco Herodes, pues me lo devolvió. Es evidente que este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. 16 Así que después de castigarlo lo dejaré en libertad.» ( 17 )
18 Pero todos ellos se pusieron a gritar: «¡Elimina a éste y devuélvenos a Barrabás! 19 Este Barrabás había sido encarcelado por algunos disturbios y un asesinato en la ciudad.
20 Pilato, que quería librar a Jesús, les dirigió de nuevo la palabra, 21 pero seguían gritando: «¡Crucifícalo, crucifícalo!» 22 Por tercera vez les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho este hombre? Yo no he encontrado nada que merezca la muerte; por eso, después de azotarlo, lo dejaré en libertad.» 23 Pero ellos insistían a grandes voces pidiendo que fuera crucificado, y el griterío iba en aumento.
24 Entonces Pilato pronunció la sentencia que ellos reclamaban. 25 Soltó al que estaba preso por agitador y asesino, pues a éste lo querían, y entregó a Jesús como ellos pedían.
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28 Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al tribunal del gobernador romano. Los judíos no entraron para no quedar impuros, pues ése era un lugar pagano, y querían participar en la comida de la Pascua. 29 Entonces Pilato salió fuera, donde estaban ellos, y les dijo: «¿De qué acusan a este hombre?»
30 Le contestaron: «Si éste no fuera un malhechor, no lo habríamos traído ante ti.» 31 Pilato les dijo: «Tómenlo y júzguenlo según su ley.» Los judíos contestaron: «Nosotros no tenemos la facultad para aplicar la pena de muerte.»
32 Con esto se iba a cumplir la palabra de Jesús dando a entender qué tipo de muerte iba a sufrir.
33 Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» 34 Jesús le contestó: «¿Viene de ti esta pregunta o repites lo que te han dicho otros de mí?» 35 Pilato respondió: «¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»
36 Jesús contestó: «Mi realeza no procede de este mundo. Si fuera rey como los de este mundo, mis guardias habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reinado no es de acá.»
37 Pilato le preguntó: «Entonces, ¿tú eres rey?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho: yo soy Rey. Yo doy testimonio de la verdad, y para esto he nacido y he venido al mundo. Todo el que está del lado de la verdad escucha mi voz.» 38 Pilato dijo: «¿Y qué es la verdad?»
Dicho esto, salió de nuevo donde estaban los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún motivo para condenar a este hombre. 39 Pero aquí es costumbre que en la Pascua yo les devuelva a un prisionero. ¿Quieren ustedes que ponga en libertad al Rey de los Judíos?» 40 Ellos empezaron a gritar: «¡A ése no! Suelta a Barrabás.» Barrabás era un bandido.
1 Entonces Pilato tomó a Jesús y ordenó que fuera azotado. 2 Los soldados hicieron una corona con espinas y se la pusieron en la cabeza, le echaron sobre los hombros una capa de color rojo púrpura 3 y, acercándose a él, le decían: «¡Viva el rey de los ju díos!» Y le golpeaban en la cara.
4 Pilato volvió a salir y les dijo: «Miren, se lo traigo de nuevo fuera; sepan que no encuentro ningún delito en él.» 5 Entonces salió Jesús fuera llevando la corona de espinos y el manto rojo. Pilato les dijo: «Aquí está el hombre.»
6 Al verlo, los jefes de los sacerdotes y los guardias del Templo comenzaron a gritar: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!» Pilato contestó: «Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, pues yo no encuentro motivo para condenarlo.» 7 Los judíos contestaron: «Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir, pues se ha proclamado Hijo de Dios.»
8 Cuando Pilato escuchó esto, tuvo más miedo. 9 Volvió a entrar en el palacio y preguntó a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le contestó palabra. 10 Entonces Pilato le dijo: «¿No me quieres hablar a mí? ¿No sabes que tengo poder tanto para dejarte libre como para crucificarte?» 11 Jesús respondió: «No tendrías ningún poder sobre mí si no lo hubieras recibido de lo alto. Por esta razón, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado que tú.»
12 Pilato todavía buscaba la manera de dejarlo en libertad. Pero los judíos gritaban: «Si lo dejas en libertad, no eres amigo del César: el que se proclama rey se rebela contra el César.» 13 Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús al lugar llamado el Enlosado, en hebreo Gábbata, y lo hizo sentar en la sede del tribunal.
14 Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos: «Aquí tienen a su rey.» 15 Ellos gritaron: «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!» Pilato replicó: «¿He de crucificar a su Rey?» Los jefes de los sacerdotes contestaron: «No tenemos más rey que el César.» 16 Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran.
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16 Los soldados lo llevaron al pretorio, que es el patio interior, y llamaron a todos sus compañeros. 17 Lo vistieron con una capa roja y le colocaron en la cabeza una corona que trenzaron con espinas. 18 Después comenzaron a saludarlo: «¡Viva el rey de los judíos!» 19 Y le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y se arrodillaban ante él para rendirle homenaje.
20 Después de haberse burlado de él, le quitaron la capa roja y le pusieron de nuevo sus ropas.
Los soldados sacaron a Jesús fuera para crucificarlo. 21 En ese momento, un tal Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, volvía del campo, y los soldados le obligaron a que llevara la cruz de Jesús.
22 Lo llevaron al lugar llamado Gólgota, o Calvario, palabra que significa «calavera». 23 Después de ofrecerle vino mezclado con mirra, que él no quiso tomar, 24 lo crucificaron y se repartieron sus ropas, sorteándolas entre ellos.
25 Eran como las nueve de la mañana cuando lo crucificaron. 26 Pusieron una inscripción con el motivo de su condena, que decía: «El rey de los judíos.» 27 Crucificaron con él también a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda. 28 Así se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado entre los malhechores.
29 Los que pasaban lo insultaban y decían moviendo la cabeza: «Tú, que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días, 30 sálvate a ti mismo y baja de la cruz.»
31 Igualmente los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley se burlaban de él, y decían entre sí: «Salvaba a otros, pues se salvará a sí mismo. 32 Que ese Mesías, ese rey de Israel, baje ahora de la cruz: cuando lo veamos, creeremos.» Incluso lo insultaban los que estaban crucificados con él.
33 Llegado el mediodía, la oscuridad cubrió todo el país hasta las tres de la tarde, 34 y a esa hora Jesús gritó con voz potente: «Eloí, Eloí, lammá sabactani», que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» 35 Al oírlo, algunos de los que estaban allí dijeron: «Está llamando a Elías.» 36 Uno de ellos corrió a mojar una esponja en vinagre, la puso en la punta de una caña y le ofreció de beber, diciendo: «Veamos si viene Elías a bajarlo.» 37 Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
38 En seguida la cortina que cerraba el santuario del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. 39 Al mismo tiempo el capitán romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: «Verdaderamente este hombre era hijo de Dios.»
40 Había unas mujeres que miraban de lejos, entre ellas María Magdalena, María, madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé. 41 Cuando Jesús estaba en Galilea, ellas lo seguían y lo servían. Con ellas estaban también otras más que habían subido con Jesús a Jerusalén.
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27 Los soldados romanos llevaron a Jesús al patio del palacio y reunieron a toda la tropa en torno a él. 28 Le quitaron sus vestidos y le pusieron una capa de soldado de color rojo. 29 Después le colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado con espinos y en la mano derecha le pusieron una caña. Doblaban la rodilla ante Jesús y se burlaban de él, diciendo: «¡Viva el rey de los judíos!» 30 Le escupían en la cara y con la caña le golpeaban en la cabeza.
31 Cuando terminaron de burlarse de él, le quitaron la capa de soldado, le pusieron de nuevo sus ropas y lo llevaron a crucificar.
32 Por el camino se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús. 33 Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota (o Calvario), o sea, «calavera», 34 le dieron a beber vino mezclado con hiel. Jesús lo probó, pero no lo quiso beber.
35 Allí lo crucificaron y después se repartieron entre ellos la ropa de Jesús, echándola a suertes. 36 Luego se sentaron a vigilarlo. 37 Encima de su cabeza habían puesto un letrero con el motivo de su condena, en el que se leía: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» 38 También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
39 Los que pasaban por allí lo insultaban; movían la cabeza 40 y decían: «¡Vaya! ¡Tú que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, líbrate del suplicio y baja de la cruz.»
41 Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos y los maestros de la Ley también se burlaban de él. Decían: 42 «¡Ha salvado a otros y no es capaz de salvarse a sí mismo! ¡Que baje de la cruz el Rey de Israel y creeremos en él! 43 Ha puesto su confianza en Dios. Si Dios lo ama, que lo salve, pues él mismo dijo: Soy hijo de Dios.»
44 Hasta los ladrones que habían sido crucificados con él lo insultaban.
45 Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se cubrió de tinieblas. 46 A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» 47 Al oírlo, algunos de los presentes decían: «Está llamando a Elías.» 48 Uno de ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre y la puso en la punta de una caña para darle de beber. 49 Los otros le decían: «Déjalo, veamos si viene Elías a salvarlo.»
50 Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y entregó su espíritu.
51 En ese mismo instante la cortina del Santuario se rasgó de arriba abajo, en dos partes. 52 La tierra tembló, las rocas se partieron, los sepulcros se abrieron y resucitaron varias personas santas que habían llegado ya al descanso. 53 Estas salieron de las sepulturas después de la resurrección de Jesús, fueron a la Ciudad Santa y se aparecieron a mucha gente.
54 El capitán y los soldados que custodiaban a Jesús, al ver el temblor y todo lo que estaba pasando, se llenaron de terror y decían: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.»
55 También estaban allí, observándolo todo, algunas mujeres que desde Galilea habían seguido a Jesús para servirlo. 56 Entre ellas estaban María Magdalena, María, madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
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26 Cuando lo llevaban, encontraron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron con la cruz para que la llevara detrás de Jesús.
27 Lo seguía muchísima gente, especialmente mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. 28 Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloren por mí. Lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos. 29 Porque llegarán días en que se dirá: «Felices las mujeres que no tienen hijos. Felices las que no dieron a luz ni amamantaron.» 30 Entonces dirán: «¡Que caigan sobre nosotros los montes, y nos sepulten los cerros!» 31 Porque si así tratan al árbol verde, ¿qué harán con el seco?»
32 Junto con Jesús llevaban también a dos malhechores para ejecutarlos. 33 Al llegar al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron allí, y con él a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. 34 (Mientras tanto Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.») Después los soldados se repartieron sus ropas echándolas a suerte.
35 La gente estaba allí mirando; los jefes, por su parte, se burlaban diciendo: «Si salvó a otros, que se salve a sí mismo, ya que es el Mesías de Dios, el Elegido.» 36 También los soldados se burlaban de él. Le ofrecieron vino agridulce 37 diciendo: «Si tú eres el rey de los ju díos, sálvate a ti mismo.» 38 Porque había sobre la cruz un letrero que decía: «Este es el rey de los judíos.»
39 Uno de los malhechores que estaban crucificados con Jesús lo insultaba: «¿No eres tú el Mesías? ¡Sálvate a ti mismo y también a nosotros.» 40 Pero el otro lo reprendió diciendo: «¿No temes a Dios tú, que estás en el mismo suplicio? 41 Nosotros lo hemos merecido y pagamos por lo que hemos hecho, 42 pero éste no ha hecho nada malo.» Y añadió: «Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino.» 43 Jesús le respondió: «En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.»
44 Hacia el mediodía se ocultó el sol y todo el país quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. 45 En ese momento la cortina del Templo se rasgó por la mitad, 46 y Jesús gritó muy fuerte: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y dichas estas palabras, expiró.
47 El capitán, al ver lo que había sucedido, reconoció la mano de Dios y dijo: «Realmente este hombre era un justo.» 48 Y toda la gente que se había reunido para ver este espectáculo, al ver lo ocurrido, comenzó a irse golpeándose el pecho. 49 Estaban a distancia los conocidos de Jesús, especialmente las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea, y todo esto lo presenciaron ellas.
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17 Así fue como se llevaron a Je sús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lu gar llamado Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota. 18 Allí lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado y en el medio a Jesús.
19 Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo sobre la cruz. Estaba escrito: «Jesús el Nazareno, Rey de los judíos.» 20 Muchos judíos leyeron este letrero, pues el lugar donde Jesús fue crucificado estaba muy cerca de la ciudad. Además estaba escrito en hebreo, latín y griego. 21 Los jefes de los sacerdotes dijeron a Pilato: «No escribas: "Rey de los Judíos", sino: "Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos".» 22 Pilato contestó: «Lo que he escrito, escrito está.»
23 Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura alguna, se dijeron: 24 «No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a quién le toca.» Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica. Esto es lo que hicieron los soldados.
25 Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala. 26 Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» 27 Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.
28 Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed», y con esto también se cumplió la Escritura. 29 Había allí un jarro lleno de vino agrio. Pusieron en una caña una esponja empapada en aquella bebida y la acercaron a sus labios. 30 Jesús probó el vino y dijo: «Todo está cumplido.» Después inclinó la cabeza y entregó el espíritu.
31 Como era el día de la Preparación de la Pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz durante el sábado, pues aquel sábado era un día muy solemne. Pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas a los crucificados y retiraran los cuerpos. 32 Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas de los dos que habían sido crucificados con Jesús. 33 Pero al llegar a Jesús vieron que ya estaba muerto, y no le quebraron las piernas, 34 sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua.
35 El que lo vio da testimonio. Su testimonio es verdadero, y Aquél sabe que dice la verdad. Y da este testimonio para que también ustedes crean. 36 Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ni un solo hueso. 37 Y en otro texto dice: Contemplarán al que traspasaron.
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42 Había caído la tarde. Como era el día de la Preparación, es decir, la víspera del sábado, 43 intervino José de Arimatea. Ese miembro respetable del Consejo supremo era de los que esperaban el Reino de Dios, y fue directamente donde Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.
44 Pilato se extrañó de que Jesús hubiera muerto tan pronto y llamó al centurión para saber si realmente era así. 45 Después de escuchar al centurión, Pilato entregó a José el cuerpo de Jesús.
46 José lo bajó de la cruz y lo envolvió en una sábana que había comprado, lo colocó en un sepulcro excavado en la roca e hizo rodar una piedra grande contra la entrada de la tumba. 47 María Magdalena y María, la madre de José, estaban allí observando dónde lo depositaban.
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57 Siendo ya tarde, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús. 58 Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y el gobernador ordenó que se lo entregaran. 59 José tomó entonces el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia 60 y lo colocó en el sepulcro nuevo que se había hecho excavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra sobre la entrada del sepulcro y se fue. 61 Mientras tanto, María Magdalena y la otra María estaban allí, sentadas frente al sepulcro.
62 Al día siguiente (el día después de la Preparación de la Pascua), los jefes de los sacerdotes y los fariseos se presentaron a Pilato 63 y le dijeron: «Señor, nos hemos acordado que ese mentiroso dijo cuando aún vivía: Después de tres días resucitaré. 64 Ordena, pues, que sea asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Este sería un engaño más perjudicial que el primero.» 65 Pilato les respondió: «Ahí tienen una guardia. Vayan ustedes y tomen todas las precauciones que crean convenientes.» 66 Ellos, pues, fueron al sepulcro y lo aseguraron. Sellaron la piedra que cerraba la entrada y pusieron guardia.
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50 Intervino entonces un hombre bueno y justo llamado José, que era miembro del Consejo Supremo, 51 pero que no había estado de acuerdo con los planes ni actos de los otros. Era de Arimatea, una ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. 52 Se presentó, pues, ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. 53 Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo depositó en un sepulcro nuevo cavado en la roca, donde nadie había sido enterrado aún.
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38 Después de esto, José de Arimatea se presentó a Pilato. Era discípulo de Jesús, pero no lo decía por miedo a los judíos. Pidió a Pilato la autorización para retirar el cuerpo de Jesús, y Pilato se la concedió. Fue y retiró el cuerpo.
39También fue Nicodemo, el que había ido de noche a ver a Jesús, llevando unas cien libras de mirra perfumada y áloe. 40 Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, según la costumbre de enterrar de los judíos. 41 En el lugar donde había sido crucificado Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde todavía no había sido enterrado nadie. 42 Como el sepulcro estaba muy cerca y debían respetar el Día de la Preparación de los judíos, enterraron allí a Jesús.
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Después de explorar las narrativas de los Evangelios por medio de este mini-curso, es importante tener en cuenta las siguientes notas:
1. Las cuatro narrativas tienen cinco escenas en común: Jesús es arrestado de noche en el jardín, es interrogado por los sumos sacerdotes, es interrogado por Pilato y condenado a la cruz, muere ejecutado y es sepultado en una tumba de piedra que está cerca.
2. Cada narrativa también tiene intereses teológicos distintos:
3. Existen límites en lo que podemos saber históricamente sobre la muerte de Jesús. Sin embargo, para la fe cristiana la preocupación más importante es discernir el sentido espiritual que cada evangelista desea comunicar.
4. La materia de este mini-curso son las cuatro narrativas bíblicas de la pasión. No obstante, es importante notar que sólo se puede entender el sentido de Jesús y de la fe cristiana considerando al mismo tiempo las narrativas de la resurrección. Vea Marcos 16:1-20 (aunque el texto más antiguo del Evangelio parece concluir en 16:8); Mateo 28:1-20; Lucas 24:1-53; y Juan 20:1-21:25. Estas narrativas también reflejan las intuiciones de los evangelistas:
Antes de terminar...
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